En una honesta y valiente confesión, la actriz e influencer Belén Soto compartió la historia de su primer y fallido negocio, una experiencia que, aunque dolorosa, le entregó lecciones clave para construir el exitoso imperio audiovisual que lidera hoy.
Durante un encuentro de emprendedores, y según recoge Las Últimas Noticias, Belén Soto relató cómo a los 22 años decidió dar un paso al costado de las teleseries para aventurarse detrás de cámara. En ese momento, montó su propia productora y consiguió realizar su primer programa, "Plan de viaje".
Pese al éxito inicial, los problemas no tardaron en aparecer. "Le fue muy bien en audiencia y comercialmente, pero fallamos en la gestión y en las finanzas. No tenía un equipo con la contabilidad y comenzamos a andar en bicicleta", contó.
Con total sinceridad, asumió su responsabilidad en el colapso del proyecto. "Fracasé por mi ansiedad, ganas de hacer cosas y de abarcarlo todo", admitió.
De la caída al éxito internacional
Esa dura experiencia le enseñó dos cosas fundamentales: la importancia de armar un equipo de profesionales y la necesidad de saber delegar. Con esa lección aprendida, nació su nuevo y exitoso negocio audiovisual: Tusk.
En asociación con Ingrid Bragemann, una productora con 30 años de experiencia, Belén ha logrado llevar a Tusk a un nivel global. La compañía ya grabó documentales y comerciales, y cuenta con sedes no solo en Chile, sino también en México, Argentina, Colombia, Polonia, España y Hong Kong.
Ahora, Tusk se prepara para su siguiente gran paso: el lanzamiento de su primer producto de hardware. Se trata de un kit de ocho filtros y siete lentes que se montan en un celular, permitiendo grabar con calidad de cine. El producto tendrá un costo de 4 mil dólares, lo que, según Soto, es solo un 10% de lo que cuesta arrendar equipos profesionales.
"Es algo que hoy no existe y que va a democratizar la filmación de cine, publicidad, pero también la fabricación de videos de alta calidad para emprendedores", sentenció.
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